Hay ciertos días en los que la palabra belleza no logra describirte por completo. Hay días en los que te quiero mucho más. Hoy es uno de ellos. Altiva, maravillosa. Con la blusa verde que confunde mis sentidos, la sonrisa que promete. En unas horas tus ojos se llenarán de asombro al abrir Erik sus juguetes de cumpleaños. Sus cuatro años y tu rostro, combinación ideal para abandonar el mundo extasiado por mirarlos. Quisiera atraparte para siempre. Y que nunca te alejes de mí, que cada noche hasta la última me digas te amo, que me lo recuerdes con tus besos; que lluevan cascabeles, caigan las estrellas, y que del suelo broten esmeraldas. Hoy es uno de esos días en los que cada minuto se llena de tu aroma, de la hermosura con la que caminas, pasas a mi lado, nos hacemos uno tomados de la mano. Hoy te quiero mucho más. Estarás ahí, sentada a mi costado, dormitando, olvidándote del viaje. Dejando atrás por unas horas lo complicado de tu semana. Yo te observo. Te pido poseerme. La urgencia de tu piel, los escarceos para buscar la suavidad de tu entrepierna, el tono suave con el que quisiera, como un sortilegio, enamorarte. Yo lo estoy. Hoy es uno de esos días, que del suelo broten esmeraldas. Qué porte, qué hermosura. Cuánto amor.
En los últimos días quisiera que mis devaneos te tocaran el alma, que a mis palabras sobrevinieran los deseos, que si me acerco a tí, me tomes en tus brazos, que si mi aliento roza tu nuca, desfallezcas; que si te beso el universo se contraiga en suspiros y jadeos. Tengo el deseo de estar en tí, de hurgar en tus memorias, de fusionarme con tu cuerpo. Quisiera poseerte. Me es tan necesario: algo en mi estallaría
Sí, lo he sentido una y mil veces: pienso en ti y mis ojos se refrescan de pequeñas gotas que laceran. Duele el amor. Por su intensidad, por su orgullo. Porque estás siempre a mi lado. Es un dolor intenso, delicioso. Está cargado del temor de perderte, de las horas que estaré sin ti. De viajes que parecerían eternos. De silencios y fugaces ausencias. Me duele amarte, lo reclaman mis sentidos. Pero te amo. Esa pasión llamada Liliana cautiva y enternece. Obliga a la sinrazón y a la locura. Duele el amor cuando no te veo. Pero a tu mirada siempre sobreviene la calma. Me reconfortas, respiro plácido, camino con destino. Tu mirada palia toda tempestad. Escampa entonces en mi alma enamorada.
En estos días no sale el sol, sólo tu rostro. Tu rostro que es divino, que enloquece. Tu gesto que conmueve mis entrañas. Te amo. Con una inmensa eme tan grande como furiosa, con la pasión desbordada y el encanto de tus ojos. Te amo toda alegría y grandes carcajadas. Te amo color azul celeste. Eres parte de mí, eres mi guía. Sin tus palabras mis caminos tornaríanse laberintos. Qué sonrisa la tuya, qué mirada: amorosa, gigantesca. Mía. Te amo siglos, tempestades. Te amo hambrunas, pestes y pandemias. Te amo tanto como inacabable, tanto como te amo, yo te amo.
Y un día cualquiera estabas a mi lado. Suficiente un cruce de miradas para que, entonces, se unieran todas las galaxias; cataclismos e ilusiones se hicieron uno mismo, bajaron a la tierra el poder y la pasión, la existencia supo de razones y la realidad se tornó en un sólo beso. Me enamoré, Claudia Liliana Moscoso. Profunda y eternamente, del brillo que emerge de tus ojos, de la sonrisa encantadora; de tu cuerpo y de tu voz
De inicio a fin, de mañana a anochecer. Todo. Del alba al ocaso, de hora cero a veinticuatro. Del despertar a la ensoñación, de un crepúsculo a otro igual. Todo. De antes meridiano a medianoche, de que sale a que se oculta el Sol, también cuando se muestra o esconde --¡vaya Luna!--. Todo. Todo el tiempo --todos los relojes, todos-- yo te amo...
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